La columna de Horacio Lachman
El mundo sigue pasando, de un día para otro, de un escenario signado por el peligro de una guerra total en Medio Oriente a la posibilidad de una negociación fructífera que lleve a la paz. Obviamente, lo que prevalece es la incertidumbre, pero las expectativas y los mercados sufren permanentes fluctuaciones. Una semana prevalece el optimismo, suben las bolsas, baja el petróleo; la otra prevalece el pesimismo y sube el petroleo y bajan las bolsas.
En esos vaivenes es obvio que no es posible que madure la inversión a largo plazo. La inteligencia artificial y los presupuestos militares son los únicos sectores que avanzan, aunque nadie sabe cómo terminarán financiándose.
Escenario en la Argentina
La Argentina muestra un escenario similar, sometida también a esos destructivos vaivenes. Pero con una gran diferencia a su favor: tiene en pleno proceso de desarrollo gigantescos sectores productivos en áreas críticas y una política económica que está apuntando a favorecerlos y que, además, tiene como estrategia central (quizás única) que haya equilibrios básicos en la economía que no perturben ese proceso. Por eso, aunque estemos lejos de una política de desarrollo integral, hay malestar social y las encuestas le den cada vez peor al gobierno, a la Argentina le va menos mal que a la mayoría de los países.
Lentamente el riesgo país va bajando, la tasa de inflación va disminuyendo y se acumulan grandes, gigantescos proyecto de inversión a la espera de que se creen condiciones políticas que garanticen la continuidad del modelo.
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