La columna de Horacio Lachman.
Los mercados locales arrancaron la semana con una tónica levemente negativa. Se pagaron los vencimientos de los bonos, pero, a esta altura del ajuste y el acuerdo con el FMI, ello es realmente poca cosa para entusiasmarse. Nadie esperaba que la Argentina entrara en default.
En cambio, lo que sorprendió es la penosa forma con la que el país rejuntó los fondos necesarios a último momento, cuando se trataba de un compromiso regular que el país viene cumpliendo semestralmente desde hace años y deberá seguir cumpliendo durante al comienzo de cada semestre durante muchos años más.
Recesión
La marcha de la economía a partir de ahora es pura incertidumbre. No se teme a corto plazo una crisis explosiva, pero cada vez hay más datos que hablan de una recesión que se profundiza. No es necesario enumerar la cantidad de empresas que cierran, se van del país o suspenden o despiden personal. Quienes no lo saben es porque no leen los diarios y posiblemente tampoco leerán esta columna. El “crecimiento” de este año es sólo por el efecto de arrastre de 2024, que se recuperó en el segundo semestre de ese año luego del hundimiento de la economía producido desde diciembre de 2023 que, aunque a menor velocidad, venía de antes. La industria, la construcción y el comercio -los sectores más grandes que concentran la mano de obra del país- están hoy en recesión y sin perspectivas de crecimiento.
Los sectores dinámicos (petróleo, minería y finanzas), de escaso derrame, no parecen estar en condiciones de mantener su ritmo porque las grandes inversiones no se concretan y tampoco hay perspectivas de que la monetización siga profundizando.
Inflación
Como se anticipaba, la inflación en diciembre registró un nuevo aumento alcanzando el 2,8%. Son siete meses de aceleración ininterrumpida. Muchos analistas proyectan que comience a bajar en breve. Pero, ¿por qué sería? ¿Porque hay equilibrio fiscal? Después de siete meses de crecimiento ininterrumpido de la inflación con equilibrio fiscal, parece mentira que alguien siga pensando que en la Argentina la inflación depende exclusivamente de ese equilibrio.
El Gobierno está interviniendo groseramente para frenar los índices de precios al costo de una recesión irracional y aun así no lo consigue. Vende divisas -que no tiene para poder pagar fluidamente la deuda- con el objeto de mantener baja la cotización del dólar como ancla de los precios. Estimula las importaciones haciendo más pronunciado el déficit del balance cambiario para que ingresen productos más baratos del exterior. Se desentiende del creciente desempleo para presionar a la baja sobre los salarios. Impulsa una reforma laboral que, más allá de algunos beneficios en lo judicial y normativo, provocará sin duda una caída de la capacidad de consumo de los trabajadores.
Además de mantener artificialmente una cotización del dólar que todos consideran baja, hay pendiente fuertes aumentos tarifarios para hacer posible el equilibrio fiscal. Es que alcanzar el equilibrio fiscal en recesión es muy difícil. Los ajustes pendientes constituyen un factor de costos sobre la producción que sólo una teoría subjetiva del valor aplicada con poco rigor puede justificar.
Perspectivas
Todo indica que, en la Argentina, el sector externo y la inflación no responden, que el equilibrio fiscal es muy difícil de sostener, que la inversión no llega y que la recesión y el desempleo es un hecho. Desde el FMI hasta los especialistas locales más serios reclaman un cambio del programa para reencauzar la economía.
Seguinos en las redes:
Facebook: https://bit.ly/TodoRiesgoFacebook
Instagram: https://bit.ly/3OOsqMo
LinkedIn: https://bit.ly/TodoRiesgoLinkedIn
X: https://bit.ly/TodoRiesgoTwitter
YouTube: https://bit.ly/TodoRiesgoYouTube








