La columna de Horacio Lachman.
2025 termina en un equilibrio expectante distinto de 2024, cuando la marcha ascendente de todo el segundo semestre hacía que prevaleciera un fuerte optimismo.
Balance
2025 fue un año difícil que obligó al gobierno a pedir reiteradamente ayudas excepcionales. Una de ellas fue el nuevo crédito del FMI, cuando no se sabía cómo se iba pagar el préstamo también excepcional recibido en 2018. El otro fue el apoyo financiero absoluto de Estados Unidos. Obtenido este respaldo, se sumó un triunfo electoral extraordinario y previsto por muy pocos en las elecciones nacionales de fin de octubre.
En este escenario mucho más favorable, se logró recuperar pocos días después de los comicios todo lo perdido durante el tenso transcurrir del año económico. Se volvió a diciembre de 2024, ya sin el nerviosismo que venía prevaleciendo en los meses previos. Pero no volvió el optimismo con el que había terminado 2024.
Indicadores
La inflación, la meta estratégica del gobierno, muestra seis meses de suba consecutiva, el mismo nivel de un año atrás y no está claro cuándo podría volver a descender. El dólar ya no está anclado, y las tarifas deben seguirlo y además mejorar en términos relativos. Por otra parte, los salarios reales y el empleo registrado no mejoran. Más allá de los retoques estadísticos, en los sectores de más peso y más generadores de empleo los niveles de actividad y la tendencia no son positivos.
La situación financiera del Estado,en pos de las cuales se aplicaron fuertes ajustes, es vulnerable. Todos afirman que los vencimientos de deuda externa de comienzos de enero se van a pagar. Pero nadie sabe cómo. Por eso, el riesgo país es mucho más bajo que en 2023, pero sigue suficientemente alto como para bloquear el acceso al mercado financiero global.
Interrogantes
La economía parece a salvo de un derrumbe gracias al sustento político por dos años ganado en los comicios y al sustento financiero de Trump. Pero el futuro no está claro. Son muchas las empresas extranjeras que se van. Hay mucha adhesión al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), pero los proyectos no se ponen en marcha y la inversión es negativa.
El balance de pagos no sólo es negativo, sino que nadie sabe cómo puede dejar de seguir empeorando la cuenta corriente. El superávit de la balanza comercial se achica, las importaciones crecen muy rápido, la carga de intereses sube y el turismo, mal que le pese a Scioli, es cada vez más deficitario.
Equilibrio
El empresariado apoya la conducción económica, pero más por afinidad ideológica que por sus resultados. Se plantean soluciones como la reforma laboral y la baja de impuestos. Sin embargo, pese al apoyo parlamentario ganado por La Libertad Avanza y sus aliados, se ven obstáculos para continuar por ese camino.
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