Los interrogantes de 2026

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La columna de Horacio Lachman.

La economía terminó en 2025 con los principales sectores económicos en caída y un nivel de actividad inferior al de fines de 2024. Además, ese resultado se obtuvo con una modificación del INDEC retroactiva de índices mensuales que fue discutida y es discutible.

Actividad

El derrumbe del primer semestre de 2024 arrancó, en realidad, en diciembre de 2023 con la implementación de un duro programa de ajuste fiscal y masivas desregulaciones de precios privados. La devaluación fue mucho más alta de lo esperable y, como observó el Gobierno, las empresas ajustaron los precios tomando como referencia una inflación aún mayor a la real. La expectativa de una fuerte caída del mercado interno tras el ajuste anunciado -que arrancó en noviembre- provocó ya en el cuarto trimestre de 2024 una profunda recesión que se prolongó en el segundo trimestre en el contexto de fuertes tarifazos. Obviamente, hubo un rebote en el segundo semestre de 2024, facilitado porque ese año existió una cosecha normal después de la sequía sin precedentes de 2023.

También debe destacarse que el rebote de la actividad aparece asociado a una expansión de algunos sectores como el financiero, que parece estadísticamente discutible. También jugó la maduración de Vaca Muerta y proyectos mineros claramente iniciados en el Gobierno anterior.

Indicadores

La renuncia de técnicos de lugares claves del INDEC y, más recientemente, de su propio titular habla de la presión sobre el organismo para que dé a conocer “índices” oficialistas.

Fue explícito que desde Presidencia de la Nación no se admitió el cambio en el cálculo del costo de vida que se debía hacer, que se había prometido e incluso había reclamado el FMI.

2026 arranca con un PBI inferior al de fines de 2025 y, por ende, hay un efecto de arrastre negativo a compensar. Pero, además, ya está claro que la tendencia del primer trimestre de este año no es buena. Frente a la caída de recaudación -lógica al no compensarse un fuerte ajuste con políticas de crecimiento-, el Gobierno está profundizando más políticas de ajuste que terminan en más recesión: demora transferencias a provincias, limita aumentos salariales y sigue sin realizar obra pública. Los indicadores oficiales confirman caídas del empleo y el salario real. Estás circunstancias permiten proyectar que el mercado interno seguirá declinando. Las expectativas empresarias, de acuerdo a las encuestas que define el INDEC, son negativas en demanda y empleo.

Los grandes proyectos de inversión asociados al Régimen de Incentivos de Grandes Inversiones aparecen como demorados. Salvo en el caso de Vaca Muerta, no se espera un gran impulso a las inversiones ni a las exportaciones.

Interrogantes

¿De donde provendrían entonces las fuerzas expansivas que provoquen el crecimiento del PBI?

Además, el Gobierno sigue apelando a la arriesgada política antiinflacionaria que se basa en el dólar como ancla y en el impulso de las importaciones. Por eso, no puede descartarse que -como ocurrió en 2025- haya fuertes procesos disruptivos en el frente externo que frenen la producción.

En ese escenario, no sólo cabe descartar el crecimiento de 5% del presupuesto, sino que simplemente sostener el nivel de actividad es complicado.

Hoy, la preocupación por una estanflación que muy pocos planteábamos a comienzos de 2025 está presente en las proyecciones de la mayor parte de economistas.

 

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